Los juicios contra empresas en EE.UU. son un negocio muy jugoso, pero no para las víctimas

 Los juicios contra empresas en EE.UU. son un negocio muy jugoso, pero no para las víctimas
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Para Werner Baumann, jefe del grupo Bayer, el acuerdo alcanzado a mediados de junio de mil millones de euros en la disputa legal sobre el polémico herbicida Roundup es un alivio. La empresa debe pagar más de diez mil millones de dólares en daños y perjuicios a los casi 100.000 demandantes que afirman que el glifosato es responsable de su cáncer. Se han disipado así los temores de que las disputas legales pudieran costar hasta 20.000 millones de dólares.

Para la compañía alemana podría haber sido mucho peor. En ningún otro país del mundo se abren tantos litigios como en EE.UU. Cada año se presentan unos 40 millones de demandas, según el Instituto de Reforma Jurídica, una filial de la Cámara de Comercio de Estados Unidos. Los procedimientos legales contra las empresas en particular son muy populares. Tales demandas le suelen costar a la economía estadounidense 264 mil millones de dólares anuales. 100.000 millones de dólares corresponden a las pequeñas y medianas empresas solamente.

Pero los bufetes de abogados implicados también se frotan las manos: suelen cobrar un tercio de la suma en litigio -en el caso de Bayer cobrarían unos 3.000 millones de dólares. Un negocio rentable.

Abogados en el millonario frente de demandas

Internet, en especial, es utilizada para crear un sentimiento anticorporativo en Estados Unidos. “Los medios de comunicación nos bombardean con noticias sobre la mala conducta de las empresas sin verdaderos castigos”, dice el sitio ClassAction.com, por ejemplo. Hay docenas de sitios en los que los consumidores pueden informarse sobre las actuales demandas colectivas. El sitio dice que 200.000 clientes ya se han beneficiado con sus procesos. Y que, a través de demandas, han logrado sacarle 90 millones de dólares a BMW y 40 millones al proveedor de telefonía móvil estadounidense TracFone. “Usted puede defenderse de la irresponsabilidad de las empresas”, es el lema del sitio de abogados.

El lado detrás de la firma de abogados Morgan & Morgan se jacta de que ya ha ganado más de cinco mil millones de dólares por pago de indemnizaciones para sus clientes. El bufete de abogados también ha intervenido en la lucha contra Bayer. “Estamos en primera línea cuando se trata de hacer responsable a Monsanto”, escriben los abogados.

El abogado Kenneth Feinberg, “maestro de los desastres”.

Kenneth Feinberg sabe que las demandas colectivas en Estados Unidos han alcanzado enormes proporciones. El abogado estrella, que es uno de los mediadores jurídicos más famosos de Estados Unidos, suele ser llamado a ayudar cuando las empresas son citadas a los tribunales. Las crisis corporativas como la de Bayer están entre sus especialidades. Grandes compañías como Volkswagen y Boeing lo contratan para resolver las disputas lo más favorablemente posible.

Un negocio de miles de millones

“En Estados Unidos, los juicios son tan normales como la tarta de manzana”, dice Feinberg, que acompañó el juicio de Bayer como mediador, en entrevista con DW. Él cree que el consorcio químico hizo bien en aceptar el acuerdo de los mil millones de euros. Si Bayer se hubiera abstenido de hacerlo, el número de demandantes probablemente habría seguido aumentando en los próximos meses, junto con un daño significativamente mayor de su reputación y sus negocios. “Aunque el veredicto de Bayer le cueste caro al consorcio alemán, la certeza de que las demandas finalmente se han retirado pesa más”, dice el jurista de 74 años.

El hecho de que Estados Unidos se haya convertido en el país de los pleitos espectaculares se debe principalmente a su sistema jurídico liberal. Desde la fundación de la república, todo ciudadano, y más aún toda persona jurídica, tiene derecho a llevar a cualquiera a los tribunales. Por encima de todo, la perspectiva de llevar a las empresas a la justicia mediante una acción colectiva es más factible en Estados Unidos. Los cimientos para esto se establecieron en los años 70, cuando las dudosas maquinaciones de muchas empresas perjudicaron a muchos consumidores que nunca recibieron ninguna indemnización. La perspectiva de hacer responsables a las empresas colectivamente cambió entonces toda la industria.

Lo que una vez se concibió para la defensa del ciudadano consumidor de las multimillonarias empresas se ha convertido en un negocio rentable. La industria de los juicios en Estados Unidos está en auge, y a veces adquiere características bastante capitalistas. Los bufetes de abogados están constantemente buscando nuevos y potenciales demandantes. En EE.UU., el abogado es el que, a menudo, busca a la víctima, no al revés. Con una comercialización agresiva -por ejemplo, a través de anuncios en la televisión, la radio o Internet o en enormes vallas publicitarias en las carreteras- los abogados tratan de maximizar el número de demandantes. Sólo así pueden aumentar la cantidad de dinero en litigio y, en última instancia, sus propios honorarios.

Cuando la codicia entra en juego

“Todo lo que tienes que hacer es encender el televisor y verás comerciales sobre Roundup, las cerraduras de encendido defectuosas de General Motors o el derrame de petróleo de BP”, dice Feinberg, quien sabe más sobre las demandas colectivas que nadie. Muchos lo ven como un “maestro del desastre”. Feinberg negocia, a menudo, las sumas a pagar a los perjudicados después del veredicto. Para los familiares de las víctimas del 11 de septiembre, por ejemplo, negoció un fondo de compensación de seis mil millones de dólares.

También ha representado a los demandantes de BP después del derrame de petróleo en el Golfo de México, a las víctimas del arma química Agente Naranja, fumigado por las tropas estadounidenses en Vietnam, y a los clientes de VW afectados por la manipulación del consumo de diésel. Feinberg ha logrado ganarle a los consorcios más de 50.000 millones de dólares en la lucha de los consumidores estadounidenses contra las empresas internacionales.

Sin embargo, quien piense que este dinero fluirá principalmente a los bolsillos de las víctimas está equivocado. Según Feinberg, del 30 al 40 por ciento del monto de los daños va a parar a los bolsillos de los abogados.

Dewayne Johnson, víctima demantante contra Monsanto, aquí en la Corte Superior de California el 10 de agosto de 2018.

“El honorario en caso de éxito es una de las razones por las que las demandas colectivas son tan populares en EE.UU.”, dice el abogado. A cambio, los bufetes de abogados suelen prefinanciar los costos de la demanda y, en caso de pérdida, incluso los asumen en su totalidad. Así pues, los demandantes corren pocos riesgos, pero a menudo sólo reciben una fracción de los daños. En el juicio por el glifosato, por ejemplo, cada demandante tiene derecho a un máximo de 175.000 dólares. Por otra parte, los principales bufetes de abogados involucrados pueden esperar 3.000 millones de dólares.

Sin embargo, a veces la búsqueda de grandes cantidades de dinero no siempre es legal. Recientemente, un abogado cruzó los límites de la legalidad en el juicio del glifosato. Timothy Litzenburg, de 38 años de edad, habría amenazado a un proveedor de productos fitosanitarios con arrastrarlo hasta una corte si seguía haciendo declaraciones públicas contra la compañía, porque esas acciones podrían causar un “desastre de relaciones públicas” y desencadenaría una “caída del 40 por ciento en el precio de las acciones”.

Litzenburg habría afirmado en ese momento que la compañía podría recibir 200 millones de dólares, si se callaba. Este último, a su vez, grabó las amenazas y se las entregó a la fiscalía. A finales de junio, el abogado se declaró culpable. La avaricia ahora probablemente esté llevando a este hombre de 38 años tras las rejas.

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